Esta semana llegó a mi pantalla un artículo publicado en FundsPeople titulado «El riesgo cliente en la gestión de banca privada«. Obviamente se trata de unos argumentos esgrimidos por banqueros y ex-banqueros privados, lo cual distorsiona ya considerablemente la realidad de lo que debe ser la gestión del patrimonio en general y de las inversiones financieras en particular, tal y como dijmos ya en 2008 en «La insoportable levedad del gestor» (de banca privada). Avanzamos esta advertencia porque en el artículo de FundsPeople sólo se trata la gestión de las inversiones bancarias, es decir de dinero que se invierte en productos de inversión bancarios, acciones seleccionadas a dedo por los banqueros y ex-banqueros de turno y demás fondos de inversión que consten en el catálogo de ventas de la entidad. Con ello queremos dejar bien claro que existe una esencial desviación de base respecto a lo que debe ser el trato que damos al dinero de las Familias, donde no deberían faltar las inversiones en empresas no cotizadas (Private Equity), inversiones inmobiliarias y demás activos en los que, para invertir, el dinero debe salir de la cuenta del banco. Obviamente, la banca privada prescinde de dichas inversiones puesto que su misión es mantener cautiva la masa monetaria de sus Clientes en la entidad que les genera sus ingresos a fin de mes.
Saber qué tipos de activos o las acciones de qué empresas van a dispararse en los próximos meses, es la quimera de aquellos que en lugar de invertir, especulan. De los que pretenden un pelotazo que les saque de los apuros en los que han incurrido por su mala cabeza. Pero aún suponiendo que la Diosa Fortuna les sonría, su cabeza seguirá siendo igual de mala. Por lo tanto se creerán hábiles inversores en lugar de meros afortunados, y sus secuencias apuros-pelotazos-apuros se repetirán cíclicamente, en el mejor de los casos. A largo plazo el resultado para la mayoría de ellos es que sus incursiones como especuladores (aunque ellos se autodefinan como inversores), lejos de complementar sus ingresos, les cuestan buena parte de sus rentas laborales conseguidas con el sudor de su frente a lo largo de los años. Y si en algún momento hiciesen un cómputo objetivo de sus ganancias y pérdidas, algo que evitan hacer consciente o inconscientemente, el saldo les demostraría la cruda realidad: Que a lo largo de su vida inversora, buena parte de su bienestar y el de sus Familias se lo llevó Mr. Market.
Ya lo advertíamos en
Lo hemos advertido ya en anteriores artículos
«Algunos bancos centrales de Europa comienzan a evaluar planes de contingencia ante la posibilidad de que algunos países abandonen la zona euro o la unión monetaria se desmorone por completo.» Este es el titular del
Lo que debe tan sólo Italia es mayor que el agujero que tienen Irlanda, Grecia, Portugal y España juntos. Alemania no puede pagar la deuda de los PIIGS, y el resto de economías aún a flote (léase Francia, Bélgica, Austria, etc.), bastante tienen con tratar de simular una solvencia que cada día se deteriora más y más. El único modo que existe de devolver al Mercado (inversores institucionales y privados y especuladores) el dinero debido por Italia y demás PIGS, es fabricándolo al más puro estilo de república bananera.
En estos días estamos viendo cómo la hora de la verdad abofetea a los políticos de la Eurozona. La prima de riesgo, es decir el desprecio del Mercado por la deuda italiana está arrojando al país, y por tanto al resto de la zona Euro, a la quiebra. Viendo como se tambalea el gigante italiano con pies de deuda por un valor de más del 120% de su gran PIB, la quiebra de Grecia puede parecer un juego de niños.
Algunos vaticinan que estamos viviendo una semana crucial para el futuro de la Eurozona. Unos días en los que se decidirá cómo y de qué manera se financia sin coste el
Preservar en tiempos revueltos no es el título del culebrón del verano sino la necesidad imperiosa de todos los gestores del patrimonio propio. También es una de las premisas de algunos gestores de patrimonio ajeno, pero éstos lamentablemente se suelen preocupar más por retener a sus sufridos clientes comercialmente reduciéndoles la volatilidad, que por preservar su patrimonio y hacerlo progresar adecuadamente a largo plazo. Desgraciadamente a muchos gestores de lo ajeno les interesa más el pan para hoy (el suyo) y obvian el hambre para mañana (el de sus clientes y también el suyo) de forma miope. Aquí reabriríamos el viejo debate de si sólo se debe confiar el dinero en asesores que hayan sabido generar su propia fortuna y que co-inviertan con sus Clientes, o si bastaría cualquier comisionista independiente con la formación téctica suficiente. Pero esa sería una discusión digna de otro artículo.