¿Nunca os habéis preguntado por qué la deuda soberana de la periferia europea se tensiona más y su prima de riesgo crece con mayor rapidez que la de países tanto o más endeudados como Japón o EE.UU.? ¿Por qué motivo se especula tanto sobre la deuda soberana de los PIIGS? ¿Cuál es la razón por la que se aboca vertiginosamente a esas economías PIIGS al default o reestructuración inevitable mientras otros países super endeudados mantienen a raya la prima de riesgo que los mercados les exigen?
Algunos conocidos bancos españoles, a mediados de 2010, nos enviaban propuestas de inversión en deuda soberana griega. Los informes y análisis que recibíamos insistentemente venían a decir que era de tontos no aprovechar el diferencial de rendimiento entre los bonos de países de la Eurozona. Argumentaban vehementemente que no debíamos olvidar que, al fin y al cabo se trataba de un país de la UE, y que a los griegos jamás les iban a permitir caer en el impago, ni siquiera en una depreciación de sus bonos mucho más allá de la de aquel entonces, cuya rentabilidad rondaba aún el 6%. O sea, poco más que la rentabilidad de la deuda española en la actualidad. Los argumentos esgrimidos eran razonables y razonados, excepto por un pequeño detalle: Olvidaban que dos y dos son cuatro.
El concepto de riesgo, en cuanto a la preservación patrimonial a largo plazo se refiere, ha cambiado de forma generalizada y peligrosísima desde el estallido de la burbuja de crédito. Y nuestra obligación como family office es advertir y proteger a nuestros Clientes y seguidores, del riesgo que se está apoderando de activos que hasta hace poco se consideraban (y aún la mayoría consideran) «seguros».
La UE tiene un pasado glorioso. El proyecto de una Europa Unida ha superado de forma lenta y defectuosa pero ejemplar las barreras y reticencias nacionalistas de sus componentes. Ha sido el ejemplo de concordia y unión voluntaria de pueblos (diversos donde los haya) que tan sólo una generación antes se batían en una guerra mundial, cuando el mundo se limitaba a ser occidental y sólo existían dos bandos.
Porque parece que portugueses, irlandeses, griegos y probablemente españoles, demos por hecho que los rescates se van a producir puntual y eficientemente. Y aceptamos pulpo como animal de compañía, es decir la intervención de facto de nuestra gestión económica doméstica, a cambio de que nos mantengan en la Eurozona a pesar de estar quebrados. Llegados a este punto, hay que recordar obviedades como que los mercados no darían ni un duro por nosotros sin el soporte de mamá UE. Y parece que ayer los portugueses no contemplasen la posibilidad de quedar relegados a mero pasto de los tiburones. Qué fácil (e irresponsable) es votar NO a apretarse el cinturón cuando se está convencido de que vendrá el séptimo de caballería (en versión alemana) al rescate.