Mucho se está escribiendo sobre la reforma constitucional que presuntamente debe limitar el déficit público español en los próximos años. Todos estamos viendo declaraciones a diario denunciando que si nos han vendido a los Mercados, que si se ha modificado la Constitución con nocturnidad y alevosía, que si es inaceptable que se supedite el Estado del Bienestar al dictado de los Mercados, etc. Especial mención me merece el artículo publicado el pasado día 1 de Septiembre en GurusBlog con el excplícito título: «La diabólica cláusula de la Reforma de la Constitución que entrega España a los acreedores«. Por esta vez, y Dios me libre de que sirva de precedente :), voy a discrepar, o quizá matizar algunos de los argumentos de su autor Gurus Hucky.
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Hace tan solo unos días, recibimos un correo a través de nuestra web, en el que un empleado de banca privada nos hacía unas cuantas reflexiones gratas y sinceras. En él nos explica sus experiencias e inquietudes, que le han llevado a compartir nuestra visión del mundo del asesoramiento financiero que perpetra la banca. Como es lógico, nos ha pedido que protejamos su identidad para evitarle problemas profesionales. Nuestra más sincera felicitación a este profesional honesto y clarividente, y le deseamos lo mejor en su carrera financiera y personal. Aquí tenéis su carta íntegra:
El pasado 7 de Agosto publicamos la primera parte de este artículo «
¿Nunca os habéis preguntado por qué la deuda soberana de la periferia europea se tensiona más y su prima de riesgo crece con mayor rapidez que la de países tanto o más endeudados como Japón o EE.UU.? ¿Por qué motivo se especula tanto sobre la deuda soberana de los PIIGS? ¿Cuál es la razón por la que se aboca vertiginosamente a esas economías PIIGS al default o reestructuración inevitable mientras otros países super endeudados mantienen a raya la prima de riesgo que los mercados les exigen?
Algunos conocidos bancos españoles, a mediados de 2010, nos enviaban propuestas de inversión en deuda soberana griega. Los informes y análisis que recibíamos insistentemente venían a decir que era de tontos no aprovechar el diferencial de rendimiento entre los bonos de países de la Eurozona. Argumentaban vehementemente que no debíamos olvidar que, al fin y al cabo se trataba de un país de la UE, y que a los griegos jamás les iban a permitir caer en el impago, ni siquiera en una depreciación de sus bonos mucho más allá de la de aquel entonces, cuya rentabilidad rondaba aún el 6%. O sea, poco más que la rentabilidad de la deuda española en la actualidad. Los argumentos esgrimidos eran razonables y razonados, excepto por un pequeño detalle: Olvidaban que dos y dos son cuatro. 