Es curioso ver como en la periferia europea aún se tiene la convicción de que nuestros Estados mantienen su condición de ente público. De países soberanos con poder de decisión sobre todos sus atributos estatales, como cualquier nación del mundo mundial. Por ejemplo que, como Estado independiente que somos, seguimos decidiendo nuestro gobierno económico, fiscal, monetario, y de políticas laborales, sociales y económicas en general. Que somos y seremos países soberanos, pase lo que pase con nuestras economías. Más pobres o más ricos, más repúblicas bananeras o países prósperos aspirantes al G20 (sic), pero siempre dueños de nuestro destino. Nos equivocamos. (more…)

La rima es fácil. Pero no existe ninguna animadversión hacia ese pueblo, ni mucho menos, ya que lo ocurrido en Chipre sería comparable con lo acontecido en el resto de la periferia del sur de la Eurozona. Las circunstancias y las rimas de un griego, italiano, español o portugués son distintas, pero los paralelismos son innegables, e 

A continuación os enlazamos nuestro último artículo publicado como
Cuando aparentemente las situaciones deben desembocar en finales bipolares, la realidad nos sorprende con desenlaces de equilibrio a menudo insospechados. La experiencia suele demostrarnos que las soluciones no acostumbran a ser ni blancas ni negras, sino grises. Probablemente menos atrevidas pero quizá también más consensuadas, más populares, para bien o para mal. Lo mismo podría ocurrir en el desenlace del embrollo de la Eurozona, donde no son compatibles por más tiempo las economías periféricas con las del eje germánico sin que nos hagamos daño de verdad.
Un amigo mío me habló de la frontera o línea de la cerveza, refiriéndose a la división fronteriza imaginaria que separa la Europa acreedora, rica y productiva, de la deudora, insolvente y recesiva. Es decir que las casualidades -o no- de la vida, y la victoria de Hollande en Francia, han hecho que la Eurozona se divida ahora mismo en los países ricos, que habitualmente consumen y producen cerveza, y los países pobres, que tradicionalmente han tenido y tienen preferencias mucho más vitivinícolas. Dos culturas muy distintas y probablemente dos formas de ver y vivir la vida también muy distanciadas.